Seguro te ha pasado. Te encuentras en tu habitación y de pronto suena el teléfono.
Con el afán de no perder esa llamada que seguramente sería importantísima te levantas de un brinco y tan pronto tu pie toca el suelo escuchas un crack que te hiela hasta el cerebro. Te acabas de romper el dedo chiquito del pie. Ahogas un grito en lo rojo de tu cara y de pronto el mundo se divide en dos: los accidentados preparados y los accidentados en crisis.
Nadie está exento de un accidente, cualquier persona que se considera viva ha experimentado un par por lo menos. Contra eso no nos vamos a pelear. Muchas veces no importa qué tan precavido seas y qué tantas medidas de seguridad tomes, los accidentes están acechándote a la vuelta de un parpadeo para el mejor momento de despiste.
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