Titulación, maestrías, idiomas, exámenes, pasaporte… son sólo algunos de los elementos con los que tenemos que contar al momento de solicitar una beca en el extranjero.
El trámite, que va desde la postulación a la beca hasta la solicitud de alguna visa especial, requiere paciencia, compromiso y tiempo disponible. En muchos casos, esta situación parece ser la razón por la cual los profesionales no aprovechan las oportunidades de beca.
Si bien es cierto que el papeleo puede ser largo no siempre es éste el motivo principal por el que las personas no hacen uso de este beneficio profesional. Existe un fenómeno conocido como cultural shock (choque cultural), término utilizado para describir el sentimiento de ansiedad, depresión y soledad que una persona vive al llegar a una ciudad, un estado o un país ajeno.
Cuando viajamos a un lugar nuevo nos enfrentamos a una cultura diferente. Debemos cambiar algunas conductas o incluso modificar algunas ideas, lo cual hace difícil aceptar el cambio y adaptarnos a nuestro nuevo entorno.
Para entender mejor el término cultural shock, podríamos comenzar definiendo qué es “cultura”. El ambiente, el entorno, el idioma y las costumbres ejercen gran influencia en la apariencia y el comportamiento de las personas.
Todo lo que hacen los miembros de una comunidad –es decir, gran parte del ambiente– es “cultura”: la manera de comportarse, el modo en que se comunican y lo que consideran correcto o incorrecto.
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Un intercambio académico es la experiencia más grata e inolvidable que cualquier estudiante puede tener. La movilidad provee experiencias y cambios culturales que son escenciales para la buena formación de los individuos sociales. Quien realiza un intercambio crece como persona, se independiza de forma efectiva, aprende a lidiar con la sociedad de una mejor manera y madura en muchos sentidos.
La movilidad estudiantil acerca las culturas, provee oportunidades de vida única y aporta tanto al individualismo como al crecimiento personal.