Seguro te ha pasado. Te encuentras en tu habitación y de pronto suena el teléfono.
Con el afán de no perder esa llamada que seguramente sería importantísima te levantas de un brinco y tan pronto tu pie toca el suelo escuchas un crack que te hiela hasta el cerebro. Te acabas de romper el dedo chiquito del pie. Ahogas un grito en lo rojo de tu cara y de pronto el mundo se divide en dos: los accidentados preparados y los accidentados en crisis.
Nadie está exento de un accidente, cualquier persona que se considera viva ha experimentado un par por lo menos. Contra eso no nos vamos a pelear. Muchas veces no importa qué tan precavido seas y qué tantas medidas de seguridad tomes, los accidentes están acechándote a la vuelta de un parpadeo para el mejor momento de despiste.
Esta semana se celebra en varios lugares del mundo ese sentimiento que a todos nos hace suspirar y en muchos lugares es conocido como “el día de los enamorados”. En algunos países se le nombra “Día del amor y la amistad” y en otros se le conoce como “Día de San Valentín”. No importa cómo se le nombre, el 14 de febrero está dedicado a la pareja y amigos (aunque hay países que tienen esta celebración en otra fecha, como Colombia, que lo festeja el tercer fin de semana de septiembre).
Pero, ¿de dónde rayos salió esta celebración…? Hay muchos mitos y leyendas acerca de esta festividad. Una de ellas tiene origen en la antigua Roma, donde se había prohibido el matrimonio y un mártir cristiano de nombre Valentino desafió al emperador de aquel entonces dedicándose a casar a las parejas en secreto. Al ser descubierto lo mataron, un 14 de febrero del año 270, pero no es sino hasta 1969 que hacen oficial esta celebración.