Mucho se ha dicho sobre la efectividad de la tecnología en la enseñanza, especialmente cuando se trata de ser un estudiante virtual. Algunos creen que el esquema de cara a cara es lo más funcional, sin embargo, hay quien ve en la educación online el futuro de la formación académica a distancia.
Si tu sueño es realizar algún estudio en una universidad de prestigio, pero no posees los recursos económicos para solventar tu estancia en el país de la institución, tu mejor opción es, en definitiva, la educación virtual.
Las ventajas de este tipo de aprendizaje son muchas: primero que nada, no tener que salir de casa y tener la posibilidad de estudiar en una amplia gama de instituciones de todo el mundo que ofrecen este tipo de servicio. Otro punto a favor es la flexibilidad de horarios sin que sea necesario tener un itinerario rígido de clases. Ser un estudiante virtual es, además, mucho menos costoso que ser presencial: estudiar en universidades extranjeras implica gastos de estancia, alimentación, etc., costos que no hay que cubrir en un programa virtual.
Universidades de alto prestigio, académicos de renombre y programas de excelencia se ponen al alcance de todos a través de la red de redes. Sin embargo, el aprendizaje virtual no es para cualquiera: se requiere mucha disciplina para realmente lograr estudios de calidad de esta forma.
Para un estudiante virtual, la ausencia de un salón de clases, compañeros y pizarrón no es un obstáculo de comunicación: la comunicación escrita es su fuerte y le resulta cómoda para expresarse. Asimismo, es capaz de auto-motivarse y auto-disciplinarse, pues no necesita de alguien que lo elogie o lo critique continuamente para seguir adelante, debe ser responsable y tener un serio compromiso con su hambre de conocimiento.
Aquél que se educa en línea posee una férrea voluntad para dedicar una considerable cantidad de su tiempo a sus estudios. El esfuerzo no es menor al presencial: se necesita mucha concentración porque, al no estar en el aula, las distracciones son múltiples, desde el café hasta la televisión, desde una mascota hasta la tentación de navegar libremente en Internet.
El tutor virtual es un facilitador, no un profesor autoritario. No vigila, sino guía. Por lo mismo, la reflexión es una parte esencial del proceso de aprendizaje. El éxito de un estudiante virtual depende simplemente de alinear su estilo de estudio y su personalidad con las exigencias del programa académico. El perfil que se requiere es el de una persona independiente que no necesite “mano dura” para cumplir con sus responsabilidades.
Este tipo de formación es también colaborativa, pues da pie a foros de discusión, retroalimentación e intercambio de conocimiento. La pregunta se vuelve una herramienta esencial del aprendizaje y el alumno se torna cada vez más en un ente participativo y menos pasivo que en el paradigma de la educación tradicional: contrario al estudiante presencial, que puede pasar desapercibido y asumir sus frustraciones y dificultades, el estudiante virtual se hace escuchar.
Este tipo de estudio no es para quien no posee habilidades tecnológicas, pues las mejores aliadas para su realización son las computadoras. Tampoco es para aquellos que no se consideren capaces de comprometer una gran parte de su tiempo a sus estudios, ni para los alumnos que requieran de la vigilancia de un profesor para cumplir con sus responsabilidades.
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