¡No es como lo vi en la tele!

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Al principio todo era maravilloso, ¿verdad?
Tus primeras semanas en la ciudad en la que escogiste estudiar prometían ser el principio de la mejor etapa de tu vida.

El cielo era más azul, el aire más limpio…
Tan amables que parecían todos…
Tan simpáticas las costumbres locales…

Te mirabas al espejo y decías “he ahí todo un cosmopolita”.
Hasta que, de pronto, empezaste a obsesionarte con tu salud. Ese dolorcito en el costado… ¿será apendicitis? La muela… por favor, que no tengan que sacarte la muela estando tan lejos de casa y de tu dentista, que sí es bueno, porque ¿qué tipo de dentistas podrán tener aquí?
O, quizá, sólo sufres de insomnio… Pero no es nada, ¿o sí? ¿Qué son cinco noches al hilo sin dormir?

Después de todo no estaba tan mal tu lugar de origen: la gente allá sí escucha, sí entiende, sabe lo que es importante en la vida… Allá todo está más limpio, todo se hace con más cuidado…

Síntomas, síntomas… Lo que hay de fondo se llama choque cultural, un fenómeno común y muy estudiado. Se han identificado etapas en la relación con otra cultura: “luna de miel”, crisis, ajuste, asimilación… Se tienen identificados también los síntomas del choque cultural, entre los que están los descritos arriba. El concepto de choque cultural ha sido menospreciado por unos, que pugnan por que no se le dé tanta importancia, y sobrevalorado por otros, que lo utilizan para explicar cualquier desencuentro.

El hecho es que vivir en un lugar distinto a aquel en el que creciste implica enfrentarse a conductas, formas de pensar y valores distintos a los tuyos. En la medida en que estés consciente de que los referentes culturales serán distintos a los que conoces, tendrás más posibilidades de sobrellevar la ansiedad que, con mayor o menor fuerza, puede atacarte una vez que empiezas a profundizar en las entrañas del nuevo organismo-sociedad en el que estás inserto.

El término “choque cultural” fue inventado en los sesenta, auspiciado por las reacciones ante el creciente contacto entre culturas diferentes. ¿Somos distintos hoy, cuarenta años después? ¿Vamos superando como humanidad el estrés de convivir con personas que no son como nosotros? Después de ver tantas series televisivas que ocurren en Nueva York, ¿podríamos pasar por neoyorkinos? ¿La televisión, el cine e Internet nos están haciendo “expertos culturales”? Cabe la pregunta de si la sobre exposición mediática en que vivimos ayuda a disminuir el choque intercultural. A través de los medios y otros productos culturales que inundan el mercado mundial entramos en contacto con “otras culturas”; nuestra nueva sabiduría mediada podría hacernos pensar que corremos menos riesgo de sufrir ansiedad al encontrarnos con ellas en la vida real.

Sin embargo cuando más confiamos en que conocemos al otro es cuando más riesgo corremos de sufrir un choque intercultural. Se espera que exista mayor choque cultural entre un caribeño y alguien de un país nórdico, por ejemplo. Pero el hecho de que las diferencias sean más evidentes hace que ambos estén más conscientes de que tienen que interpretar la conducta del otro para poder entenderse. Son las culturas más similares entre sí las que pueden enfrentar un reto mayor; las semejanzas hacen que bajemos la guardia y que demos por sentado que compartimos todos los referentes culturales, incrementando las posibilidades de que se dé un desencuentro. El lugar común es el idioma: sobran las anécdotas de malentendidos lingüísticos entre distintas nacionalidades e incluso entre distintas regiones en un mismo país. Que en Perú se dice así, que en Argentina eso significa asá… Las diferencias en el uso del lenguaje son más o menos evidentes, pero implican formas distintas de pensar, de ver el mundo y de actuar que podemos pasar por alto al creer que ya conocemos al otro.

Quizás los medios de comunicación nos proporcionen cada vez más información sobre “los otros”, pero al final sigue siendo información superficial. Quizá acaben generando la sensación de que todos somos iguales y las diferencias culturales no son relevantes. Sin embargo los medios difícilmente sustituirán a la experiencia. Es en el día a día cuando verdaderamente podemos experimentar formas distintas de vivir; el contacto real con culturas distintas –aunque parezcan muy similares– presenta grandes retos pero implica también mucho crecimiento. Ésa es una de las riquezas de la movilidad estudiantil. O, ¿quién sustituiría su experiencia por una serie de televisión?

Escrito por: Mercedes González Olmedo

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Maribel Tello

3 de respuestas para “¡No es como lo vi en la tele!”

  1. Alex dijo:

    Interesante y alentador querida Mercedes, tales reflexiones las tenía en mente desde mi llegada a España; yo soy de México D.F. y supongo que estoy en medio del proceso de “DESENCUENTRO” referido. Sin embargo en mi caso perticular existe una dualidad excepcional porque si bien vine con la idea de “integrarme” a la vida y costumbres españolas y teniendo en cuenta los lazos históricos que nos unen, la cosa pintaba relativamente fácil de asimilar; no obstante y de manera muy rápida te das cuenta del doble reto que implica integrarse a una sociedad como la Española-Catalana, particularmente en Barcelona que es donde resido desde hace tres años. Ellos, en gran parte no se sienten Españoles sino Catalanes, diferentes…con un sentido más bien nacionalista o independentista…y te hablan en catalán…pero son educados y cuando te saben latinoamericano se comunican contigo en castellano.
    Por otra parte se sabe lo competitivo que es la naturaleza empresarial y de negocios de los Barceloneses, más aún cuando se trata de arquitectura y de que pretendes incorporarte activamente a tal círculo profesional…bastante complicado resulta más no imposible lo puedo asegurar; de esta manera, efectivamente, el cúmulo de experiencias profesionales y personales son invaluables. LLega el moemento, como en el que estoy ahora, de pensar y decidir si es aquí mismo donde puedes continuar desarrollándote de manera óptima, o más bien es un buen momento para volver a casa (corriendo el riesgo del, diría yo, efecto espejísmo) y querer retomar tus derroteros después de la experiencia adquirida?…o internarte más en Europa?…conocer y probar experiencia en Países Nórdicos/Reino Unido donde, como sugiere el artículo, puedas encontrar un mayor entendiemiento.
    Como quiera que sea, puesto que has luchado por tener lo mejor para ti, ya no serás el mismo.

    Saludos!!!

  2. El movimiento se demuestra andando | Blog Estudiar fuera - Blog Universia dijo:

    […] muy bien apuntaba Mercedes González, esta actitud pasiva y poco formada puede hacer que nos encontremos con sorpresas desagradables al […]

  3. mnl dijo:

    Yo llevo en Madrid cerca de 3 meses, y la verdad es que hasta ahora todo iba bien, estaba contenta con mis compañeros de trabajo y, aunque no conocía a nadie, empezaba a hacer amigos.
    El problema empezó hace un par de semanas, cuando me cambiaron de oficina. Los nuevos compañeros, son todo menos eso, y viendo como la gente con la que pasas todo el día te ignora, llegas a casa y no hay nadie, con tu familia y tus amigos lejos… Es muy difícil.

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